UNA VEZ EN LEÓN

Alguna vez tuve que hacer un viaje a León, Guanajuato por trabajo. Normalmente en esos viajes, siempre nos hospedamos en hoteles de clase trabajadora (working class), con desayuno incluido y ese tipo de cosas; hoteles donde todos entramos y salimos, casi siempre, después de la primer noche. El desayuno consiste en mesas ocupadas por una persona y todos -en silencio- miran a la nada o CNN en la televisión que decora el jugo de naranja, café, pan tostado, una masa gigante de huevo, chilaquiles y algunos tipos de pan dulce (dos).
Esta vez, el nombre del hotel no terminaba en “INN” y me hizo sospechar. La agencia de viajes de esa empresa donde trabajaba en ese entonces, me hizo saber que había sido imposible reservar en otro lugar. Normalmente no soy especial en esas cosas y menos si es cosa de trabajo, al contrario, me gusta conocer esos lugares que no tienen nada que ver con los puntos comunes de cada ciudad. Este fue ese caso, el hospedaje fue en un hotel bastante peculiar, de esos que todavía tienen alfombra, grandes dimensiones y clientela desconfiada.
Con el pretexto de llevarme un recuerdo de los acabados de este lugar, le propuse a una amiga que conocí, precisamente, este viaje (WENDY) que si me dejaba hacerle unas fotos y este fue el resultado:

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